CARACTERÍSTICAS
¿Te ha dicho alguien últimamente que no le hagas favores, al mismo tiempo que te dejaba deslumbrado con una sonrisa totalmente fascinante? Es que te has visto ante el gran felino. No te preocupes, que ya te recuperarás. Un par de pequeñas quemaduras no importan. No es nada excepcional en Leo el despliegue simultáneo de su arrogante orgullo y de su espíritu juguetón; por eso se sale con la suya.
Leo, el León, rige a todos los demás animales. Leo, la persona, te rige a ti y a todo el mundo. (Sí, si ya sé que en realidad no es así. Pero no se lo digas, por favor. Le destrozarías su cálido y tierno corazón de egotista). Lo mejor es contentarle, porque entonces ronronea, en vez de rugir y darte un susto poco menos que de muerte. El León alterna entre ser decididamente gregario y una hermosa indolencia, mientras sofoca un sibarítico bostezo. Si quieres estudiar algunos ejemplares, date una vuelta por los lugares más iluminados y chispeantes de la ciudad. Por lo menos la mitad de la gente que encuentras viviendo a la última moda serán Leo. Hasta los gatitos mas tímidos se sentirán cómodos viviendo así. A Leo le enferma la oscuridad tanto como el aburrimiento.
Si ves a alguno que se ruboriza fácilmente, asegúrate de que no estás confundiendo el rubor con un rostro arrebatado de orgullo. Piensa que hay rubores muy diferentes. Leo puede estar sonrosado porque ha estado bailando mucho, o porque acaba de ver pasar al amor de su vida, pero jamás le verás las mejillas coloreadas por la introversión ni por esa timidez que induce a uno a ocultarse. No hay Leos introvertidos; los hay únicamente que se hacen los introvertidos, y es importante que lo recuerdes.
Tal vez encuentres algunos leones que mantengan atenuado al Sol que les rige y se muestren silenciosamente fuertes, dignos y decididos, pero no te dejes engañar por la suavidad de sus ronroneos. Incluso los Leos más suaves están en su fuero íntimo convencidos de su regio derecho a dominar sobre amigos y familiares, mientras atisban desde detrás del telón, en espera del momento de salir a escena. Si no me crees, búscate un Leo tranquilo, de esos que se hacen los introvertidos, para atacar su orgullo. Quítale algo que él esté convencido de que por derecho le pertenece, dale órdenes y no le demuestres respeto. Ya verás cómo los rugidos del supuesto gatito se oyen desde aquí hasta el zoológico. Hay que ser todo un valiente para desafiarle cuando él defiende sus derechos y su dignidad. Hay Leos que se ablandan con la edad, pero en realidad el León jamás baja su orgullosa cabeza. Nunca. En cuanto a los atributos físicos de este signo solar, simplemente mira a tu alrededor en busca de gente que se parezca a un león o a una leona, con su melena que se aparta hacia atrás de la cara y su mirada engañosamente ociosa. Los leones caminan erguidos y orgullosos, con el suave deslizamiento de un gato. En las mujeres se combina una gracia flexible con una intensidad oculta y estremecedora. Este último rasgo puede disimularse bajo una naturaleza suave, por lo general serena y estable. Pero no olvides que la leona está siempre pronta a saltar si se siente amenazada. Por más que las lleve envainadas, tiene las garras afiladas.
Notarás en él un aire de mando y un porte majestuoso, porque Leo mira con desdén a todos los simples mortales que están por debajo de él. Por lo común, es muy deliberado en sus movimientos y en su discurso. Es raro que Leo hable de prisa, corra, e incluso que camine con rapidez (a menos que tenga ascendente o la Luna en Aries o en Géminis, por ejemplo). En un grupo, el León no te pasará mucho tiempo inadvertido: será el centro de la atención, ya sea con sus acciones y afirmaciones dramáticas, o bien poniendo mal gesto y escondiendo la cara entre las manos hasta que alguien corra a preguntarle qué le pasa. El signo produce ejemplares de ojos azules, pero muchos Leos, sobre todo entre las mujeres, tienen ojos de color castaño oscuro, que al principio son dulces y serenos, pero después chisporrotean y restallan. Suelen tenerlos redondeados y un poco almendrados en los ángulos. El pelo es oscuro o de un rubio rojizo, ondulado por lo general, peinado en un estilo suelto y descuidado que se levanta en el casco y en los lados de la cabeza; si no, se van al otro extremo y lo llevan implacablemente alisado. En cuanto al cutis, es señaladamente rubicundo.
La gente de Leo ejerce sobre los demás un efecto extraño, que es divertido observar. Es difícil quedarse de pie delante del León sin que vaya uno enderezándose, encogiendo el vientre, echando atrás los hombros. En realidad, no sé si nosotros los rústicos actuamos así imitando los regios modales del León con el que nos enfrentamos, o si es para acorazarnos ante un posible sermón, ya que les encanta dar consejos gratuitos. Leo es especial para decirle a uno con cierto aire de superioridad y condescendencia, cuál es la forma exacta en que debería ordenar su vida. Es ese amor por la enseñanza lo que lleva a tantos de este signo a convertirse en educadores, políticos y psiquiatras. Lo exasperante es que tengan tanta capacidad para racionalizar las cosas y plancharle a uno todas las arrugas de su vida. Lástima que no puedan arreglar sus propios asuntos con la misma facilidad y elegancia. Así y todo, es eso lo que hace el encanto de Leo: su sincera superioridad y sus excelentes cualidades, mezcladas de manera incongruente con la terrible y transparente vulnerabilidad de su yo. ¿El digno y orgulloso gato, vulnerable?
Y cómo no. Cuando no se respetan su prudencia y su generosidad, se siente profundamente herido. Para suavizarle, halágale, simplemente. Nueve veces de cada diez, se convertirá de bestia rugiente en tímido y dócil gatito, que casi visiblemente se regodea y complace en el calor de las lisonjas. Es la debilidad que se convierte en el Waterloo de más de un Leo, áspero y autocrático. La vanidad es su talón de Aquiles. Para él, la adulación es un estimulante, la falta de respeto le pone ciego de furia, y ambos extremos le hacen incapaz de formular un juicio equilibrado. Algunos leones consiguen controlar con éxito estas tendencias, pero siempre están latentes en el signo solar y se hacen presentes hasta cierto punto.
Haz la prueba, alguna vez. Cuando te esté dando alguno de sus sermones, interrumpe respetuosamente a tu amigo Leo para decirle que tiene un aspecto realmente magnífico con ese suéter. El resultado será probablemente un brusco descenso de su dignidad, y verás que el león, enrojeciendo, te pregunta totalmente desconcertado: «¿En serio? Pero, ¿de veras te lo parece?». En la mayoría de los casos, el reconocimiento de su intelecto da tanto resultado como un elogio de su apariencia.
Leo no puede dejar de sentirse superior y de comportarse de manera teatral, de vez en cuando. Una de mis hijas tiene un maestro nacido en agosto. Un día que ella vino de la escuela, me comentó: «Mami, tenemos un maestro muy raro. Para todo es inteligentísimo, pero a veces se pasea por el aula sacudiendo los brazos en el aire y gritando que está rodeado de idiotas. Nosotros siempre nos reímos, porque sabemos que no lo dice en serio». Pobre león, si hasta los niños saben que sus rugidos son peores que su mordedura. Claro que no puedo dejar de advertirte que puedes tropezar con uno que tenga a Marte o a Mercurio influido, digamos, por Escorpio, y entonces el mordisco será mas grave; pero ahora estamos hablando del ejemplar típico.
Leo es sumamente astuto, en muchos sentidos. Sera raro verlo desperdiciar energías procurando extraer agua de un pozo agotado, como suele sucederle a Aries; es pues un excelente organizador y sabio distribuidor de obligaciones. Sus órdenes son sorprendentemente efectivas cuando controla los efectos dramáticos, porque el León puede ser un maestro en el arte del discurso simple y directo, aunque a veces huela un poco a teatral. Expresa generosa y abiertamente su aprobación, y sus lisonjas pueden ser tan exageradas como para confundirle a uno. Tampoco se avergüenza de sentir disgusto. Por lo general, lo que dice es lo que siente. Es posible que aplaque o que resulte quemante, pero nunca pasará sin dejar huella.
Las regias maneras de este signo solar se despliegan cuando el hombre o la mujer Leo reciben invitados. Uno se siente como si estuviera en un palacio real, donde se esperaría en cualquier momento ver cómo se detiene a la puerta una carroza con lacayo, para dejar bajar a María Antonieta o, por lo menos, a Nell Gwyn y a Madame Du Barry. La gente de Leo rodea a sus invitados de gran abundancia de la más exquisita comida, vinos finos, mujeres hermosas y buena música. Debo admitir que, en realidad, conozco un Leo que tiene gran influencia de Virgo en su carta natal y que en las fiestas sirve pepino en cubitos condimentado con hierbas, perejil y germen de trigo, pero los demás detalles son deslumbrantemente leoninos, incluyendo siempre las invitadas femeninas. ¡Qué exquisitez! Ni siquiera Luis XIV lo hacía tan bien. Pero después de Luis XIV, el diluvio, y después de más de una cena romántica y un baile con Leo se produce un diluvio de declaraciones, pasión, lágrimas, enojos, disculpas y confusión sentimental lisa y llana.
Y ahora que llegamos al tema del amor, que es más bien un lugar común donde encontrarse siempre que uno tenga algo que ver con Leo, ya sea personalmente o por carta, hay que señalar que no encontrarás, lector, muchos solterones ni solteronas nacidos bajo este signo solar. Si tropiezas con alguno, no te formes una opinión definida hasta que no hayas mirado discretamente dentro del tocador. Siempre hay algún amante oculto en las inmediaciones de la guarida del León. Es posible que no esté casado cuando le conozcas, pero estará enamorado o a punto de estarlo, o bien acabará de salir de un episodio romántico y le encontrarás con aire patético y perdido. El fiero orgullo de Leo es causa de que muchos romances y matrimonios se hagan pedazos. Un León sin pareja suele ser muy triste espectáculo, pero cuando su orgullo ha sido afrentado por su pareja (sea ésta legal o no) es posible que pierda su aspecto de tristeza y se muestre feroz, en cambio. De todas maneras, no hay quien pueda aguantar más con estoica dignidad, o adaptarse, cuando es necesario, valientemente a las condiciones más deprimentes, con auténtica energía y optimismo.
Como la tendencia a perdonar y olvidar son parte de la naturaleza íntima de los grandes felinos, las reconciliaciones son, en la vida emocional de Leo, casi tan frecuentes como las rupturas, una vez que el chisporroteo de la dignidad ultrajada se ha extinguido y que el gato cobra conciencia de su soledad. Leo está casi continuamente ahogado por la pasión, no sólo por el sexo opuesto, sino por la vida. Tanto para los leones como para los tímidos gatitos, la vida sin amor es como un cheque sin fondos. Para ellos, cuando el romance se extingue, el Sol deja de brillar.
Son hombres y mujeres que jamás se apoyan en los demás. Prefieren, más bien, que se apoyen en ellos. La responsabilidad para con los débiles y los desvalidos les fascina. Si oyes que Leo se queja con dramáticos rugidos de que todo el mundo depende de él y de que es el único que carga con todo, ni se te ocurra preocuparte. A él eso le encanta. Trata de aliviarle de alguna carga o de tenderle una mano, y ya veras con qué rapidez el León rechaza desdeñosamente tu ayuda. Y algo que debes evitar muy especialmente es aceptar ayuda financiera. Aunque con frecuencia pueda andar sin un centavo. Leo siempre sabe que ya encontrará manera de volver a llenarse los bolsillos. Son muy pocos los de este signo que se muestran cuidadosos con el dinero. Tal vez te encuentres alguno a quien de pequeño le asustó algún cobrador, y que se conduce como si en cualquier momento pudieran llevarle preso por deudas, pero el León típico es un jugador espectacular de corazón, desaforado a veces. Hasta los raros ejemplares de este signo que son ahorrativos se visten con ropa cara y siempre aparecen bien presentados. Leo quiere todo de primera y lujoso, y gasta sin privarse cuando se trata de diversiones y placeres. Es capaz de darle dinero a casi todo el mundo. Si le piden un préstamo y no tiene efectivo, es posible que prefiera a su vez pedir prestado antes que admitir que el Rey no está en situación de sacar de un apuro a sus súbditos. Claro que éste es un último recurso, porque a Leo le mortifica tener que recurrir a alguien en cuestiones de dinero, consejo o estímulo. Tiene ego suficiente para estimularse él solo, es lo bastante despierto para llenar su propia alcancía... y bien sabe Dios que no le gusta pedir consejo. Uno busca consejo en los que están por encima de él, ¿y quién está por encima del León?
Leo es propenso a las fiebres altas, a los accidentes, las enfermedades agudas y violentas, y generalmente inmune a las dolencias crónicas y prolongadas. Como rara vez hacen algo a medias, son gente que o bien irradia una vitalidad increíble, o bien se quejan de que no durarán mucho en este mundo; esta última reacción es típica de la falta de apreciación y de la avidez de afecto. Leo parece tener el corazón estupendamente fuerte, o si no, presenta alguna debilidad en la zona cardíaca. Es posible que sufra dolores de espalda y de hombros, problemas de columna, accidentes en las piernas o tobillos, problemas relacionados con los órganos de la reproducción y ronqueras o dolores de garganta. Pero se recuperará pronto de la enfermedad, y su principal peligro es el de descuidar su salud o levantarse demasiado pronto cuando ha estado enfermo. Al principio, estar en cama y sentirse atendido halaga la vanidad de Leo, pero cuando se da cuenta de que está desempeñando el papel del débil y no el del fuerte, sus veleidades de incapacitado desaparecen rápidamente.
Con los regidos por el Sol no hay términos medios. O son espantosamente descuidados y desaliñados, o meticulosamente pulcros y ordenados. Les gusta bastante el chismorreo, y se sienten heridos o excluidos si a su alrededor sucede algo que ellos no entienden. Leo es fijo por naturaleza. Es difícil apartarle del camino que se trace, aunque él sí pueda apartar a otros con su convincente oratoria. Acumulan sólo lo necesario para poder distribuirlo, una vez que ellos mismos se han provisto de un trono resplandeciente y completo, hasta con almohadones de plumas. Son capaces de desplegar la feroz energía de una apisonadora de vapor, para después tenderse, soñolientos y relajados como un gato, a holgazanear y desperezarse al sol. Cuando Leo trabaja, trabaja. Cuando juega. juega. Cuando descansa, descansa. La mayoría de ellos tienen una habilidad impresionante para delegar en otros las tareas sucias y desagradables, en tanto que ellos se ocupan de las cosas importantes, como puede ser la decisión de quién sera elegido presidente y cómo se debe ganar la guerra.
Para su propia sorpresa, cuando una auténtica emergencia se desploma sobre sus recios hombros. Leo se la toma con calma, pero sin eludir jamás su deber, ayudando a los desvalidos, protegiendo a los asustados (aunque por dentro él pueda estar doblemente asustado), animando a los melancólicos y afrontando con valor su auténtica responsabilidad. Tal es la naturaleza innata de Leo, la que aflorará radiante una vez que la etapa del playboy haya quedado atrás, junto con las llamativas corbatas pintadas a mano y con aquella guitarra que solía tocar.
La próxima vez que seas tú el blanco de los orgullosos rugidos del León, acuérdate de la Reina de Corazones, que gritaba constantemente: «¡Cortadle la cabeza!» mientras todo el mundo seguía con la cabeza bien puesta sobre los hombros. Acuérdate del león cobarde de «El mago de Oz», que se mimaba tiernamente la hermosa cola, con agraviada dignidad y buscaba con ansiedad por el mundo el don del verdadero valor, y que terminó descubriendo, cuando se produjo una auténtica situación de peligro, que el más valiente del grupo era él.
Leo es un amigo orgullosamente leal, enemigo justo pero poderoso; es creativo y original, vital y fuerte, lo mismo da que sea un León tranquilo o uno de los inflamables, pues existen las dos clases. Su indumentaria es despampanante, adecuada a su colorida personalidad. Y pasamos por alto su arrogancia, su ego insufrible a veces, sus ataques —más bien ridículos— de vanidad y haraganería, porque el corazón, como su metal, es oro puro.
Rebosante de cordialidad y generosidad, el león, alegre y afectuoso, salta alegremente por un campo de amapolas cuando su Sol brilla alto en el cielo; en cuanto a los dados que arroja confiadamente, sus números son el uno y el cuatro. Leo luce orgullosamente un topacio que le dé suerte, después se le va la mano, pero su dignidad y su gracia interiores son tan auténticas que puede llevar con valor sus infortunios. Los cálidos rayos amarillos de su jocunda esperanza se intensifican hasta el naranja a la hora del crepúsculo, y en sus noches brilla un millar de estrellas.
(Del libro: "Los signos del zodíaco y su carácter, Linda Goodman")
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AFINIDAD ENTRE SIGNOS
EL AMOR
Leo es una persona adorable y al mismo tiempo adora. Por eso el amor es algo muy importante y prioritario en su vida. En el amor es absolutamente único; el mejor, el que domina la escena con gran brillantez. Ama tan deprisa y con tanta intensidad que quiere absorber la energía de la persona que es objeto de su amor. Leo se deja llevar por el corazón, que astrológicamente domina a este signo, y ama de una forma pasional, exuberante. Dado que tiene su "Yo" superdesarrollado, aprendió que querer es poder y difícilmente se equivoca en cuestiones de amor. Jamás toma ningún tipo de precauciones cuando se enamora. Los retos le fascinan y cuanto más difícil sea la situación, mayores bríos pondrá en la conquista. Como un verdadero león, ataca en el momento oportuno, acechando primeramente a su presa, y consiguiéndola casi siempre. Necesita de una persona que le ayude a mantener su ego muy potenciado. Si esa persona sabe adorarle y admitir que es "el rey", Leo dejará de buscar en la sociedad la gratificación y autoafirmación de su peculiar personalidad para descansar con la persona que comparte la vida.
¿Cómo seduce el hombre?
Leo es una especie de amo que cautiva cuando ama. No existe mujer alguna que en el fondo de su alma no haya soñado con ser amada por un nativo de este signo. Su forma de seducción más característica es la de ofrecer todo atractivo a la persona que en ese momento quiere conquistar. Entrará en vuestra vida con una sonrisa y una mirada especial, haciéndoos sentir que "el rey" os eligió como la mejor. Queremos decir que Leo no se fija en cualquier cosa. La persona tiene que ser algo fuera de lo común, algo muy especial. Ella debe ser la imagen de lo que él es: maravilloso. Y necesita que su compañera pueda brillar con luz propia, igual que brilla él. Os llenará de regalos y os invitará a lugares mundanos y de gran prestigio. No esperéis ningún tipo de romanticismo, pero sí una excitante vorágine de sensaciones. Sexualmente es de gran potencia. Su energía se hace extensible al amor. Será uno de los mejores amantes que hayan pasado por vuestra vida. Imposible de reemplazar dado el listón que os ha puesto. Un amor con un Leo es algo totalmente imborrable, aunque las lágrimas que derraméis en el momento que os abandone intenten conseguirlo. Porque mantener a un Leo es una tarea difícil. Tendréis que tener una gran dosis de paciencia y sentido del humor para poder soportar su narcisismo y seducción ante las demás mujeres. Necesita autoafirmarse a través de la admiración del sexo opuesto. Tendréis que adorarle y hacerle sentir el "rey" de vuestra vida, y del universo entero si es preciso. Llevar con él una vida muy activa y rodearle de un ambiente social que resulte grato. Odia las cenas íntimas a la luz de la luna. Eso reservadlo para el signo de Cáncer. Tendréis siempre que estar fascinantes, elegantes, con sentido del humor y en un segundo plano con respecto a él en cualquier tipo de situación. Daos cuenta de que él brilla con luz propia y no soportaría que le sofocáseis con presiones o con sentimientos de celos que le pusieran algún tipo de límite en su trayectoria personal. Si sabéis mantener ese equilibrio, tendréis a vuestro Leo para siempre, y preparaos para vivir una vida fascinante propia de una "reina".
¿Cómo seduce la mujer?
La mujer Leo mira, observa, elige su presa, que es aquella que hace vibrar su corazón de forma muy especial, y con esa atracción tan peculiar que emana de ella dirige su energía hacia sus objetivos. Se sienta en su trono de "reinona" y espera que el caballero, al cual ha lanzado los dardos más sutiles de su seducción, venga a conquistarla. Porque la mujer Leo no malgasta ningún tipo de energía en conquistar como haría una chica Aries, otro signo de fuego. Ella es la reina, y tienen que venir a adorarla. Bastante ha hecho con mirarle. Ahora tiene que ser él quien la busque, la seduzca, la adore. Es una mujer ansiosa e impaciente. Pero jamás moverá un sólo dedo para precipitar un acontecimiento. Necesita que la cortejen de una forma clásica: llamadas constantes, flores, cartas..., en definitiva, detalles que indiquen que estáis pendientes de ella. Sexualmente, la mujer Leo es algo difícil de igualar. Os envolverá en un ambiente cálido, pleno de erotismo, en el que jugarán un papel importante todos los elementos de buen gusto que rodean al acto amoroso: flores, sábanas de seda, música íntima, aromas especiales, será la atmósfera que traspasaréis. Ella se arreglará de una forma muy especial, se perfumará, os abrazará y quedaréis inmersos en un mundo muy íntimo y seductor, donde se mezcla perversión con la ingenuidad. Pasaréis de unas vibraciones a otras de tanta intensidad que tendréis que sujetaros muy fuerte a vuestra compañera para no perder el equilibrio y caer. No os importe hacerlo. Provocaréis su risa pero al mismo tiempo su ternura y actuará con vosotros como un superior que tiene que proteger a su cachorro. No provocad en ella ningún tipo de celos porque os clavará sus afiladas uñas y os arrojará lo primero que tenga a mano. Necesita ser el centro de vuestra atención y no puede permitir que nada ni nadie ocupe vuestro pensamiento. Nos contaba una amiga que un día a su amante, mientras comían sandía, se le ocurrió comentar los hermosos cabellos de la secretaria de un amigo. No terminó la frase. La sandía de su compañera se estrelló en su cara, mientras las pepitas resbalaban por su chaqueta, corbata y camisa. El problema es que tenía una reunión importante a la que no podía faltar y de esa guisa tuvo que acudir. Si queréis conquistarla mantened siempre un alto grado de pasión y haced que se sienta el eje de vuestro mundo. Hacedle costosos regalos pues adora las joyas y los objetos caros. Pero no olvidéis dar una pincelada romántica a vuestra relación y sorprenderla con algo verdaderamente entrañable que ella valorará al máximo. Recordad que el sueño de la mujer Leo es sentirse superior a todo el mundo, así que intentad cumplir su sueño. A cambio, vosotros seréis uno de los hombres más afortunados de la creación, al conseguir que esta mujer inalcanzable y misteriosa haya accedido a amaros.
Signos favorables:
Con los otros signos de fuego, Aries y Sagitario, Leo establece unas relaciones muy positivas. Tienen muchos puntos en común. Con Aries sobre todo es con quien puede mantener una relación apasionada. Sagitario, en cambio, puede ser herido en su susceptibilidad con la excesiva vitalidad de Leo.
Con los signos de aire, Géminis, Libra y Acuario, las relaciones que establece son interesantes pero nunca apasionadas. La racionalidad de estos signos hará que la pasión desemboque por el sendero de la amistad. Se convertirán en grandes amigos, pero sin grandes pasiones.
Con los signos de agua, Cáncer, Escorpión y Piscis, hay muchas posibilidades de uniones felices y duraderas, sobre todo con fines matrimoniales. La sexualidad de Escorpión será potenciada por Leo y podrán vivir pasiones volcánicas. No se recomienda una unión matrimonial con este signo, pero sí será el amante ideal.
En cuanto a los signos de tierra, Tauro, Virgo y Capricornio, sólo con Virgo podrá mantener una relación equilibrada, pues los otros dos signos le sacarán de quicio con su lentitud. Con Virgo, sin embargo, vibrará en la misma onda de sensibilidad y aficiones. Sobretodo si la relación está formada por mujer Leo, hombre Virgo.
AFINIDAD EN LA AMISTAD
Las relaciones más positivas son las establecidas con los signos de aire, Géminis, Libra y Acuario, sobre todo con este último que es su oponente en el zodíaco. Estos signos aportan a Leo todos los atributos de los que él carece y las relaciones amistosas pueden durar toda la vida. Las amistades con los demás signos pueden ser importantes. Ninguno en particular de los restantes tiene nada negativo para relacionarse con los Leo. Leo ama y odia en la misma vibración y si entras dentro de su campo afectivo serás su amigo para toda la vida. Pero cuidado con herirlo en su susceptibilidad porque de la misma manera que te ha amado y adorado te apartará de su vida y nunca más podrás volver a entrar en ella.
AFINIDAD EN EL TRABAJO
Dado que Leo adora el lujo, los yates, los coches maravillosos, necesita una posición desahogada y para conseguirla canaliza todas sus energías en el trabajo. Las relaciones con los signos de tierra, Tauro, Capricornio y Virgo, son muy positivas porque saben convertir en cifras los proyectos geniales que surgen de la mente de Leo. Trabajador incansable para conseguir sus fines, no soportan que los demás pierdan su tiempo en fantasías. Por ello, los signos de agua, Cáncer, Escorpión y Piscis no son los más apropiados. Podría formar buenas asociaciones con los de aire, Géminis Libra y Acuario, especialmente con Libra. Con los signos de fuego hay incompatibilidad total, excepto con Sagitario, que sería el que más se plegaría a los deseos de Leo.
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LOS NIÑOS
Es un niño muy especial desde los primeros días de su nacimiento. Será muy precoz en andar, hablar y como algo no le satisfaga te volverá loco con sus berridos.
Es un niño muy difícil, pero encantador. Quiere ser el centro de atención y no puede soportar el estar sólo.
Difícil la convivencia con los hermanos. Es tan inquieto que no dejará a nadie tranquilo y les estará demandando una atención que no siempre puede ser correspondida.
En los estudios suele ser muy brillante, pero muy vago. Sobretodo al inicio. Necesita relacionarse con todo el mundo y no tiene ningún problema para hacerlo. Sabe dirigir los juegos a su punto más interesante y rápidamente es aclamado como líder entre sus propios compañeros.
Sus progenitores deben evitar reñirles delante de extraños porque eso hiere profundamente su sensibilidad y orgullo. En esta situación pueden volverse coléricos y problemáticos.
No provocar su cólera será lo primero a tener en cuenta en su educación. Ello no significa que no pueda ser combatida, pero si se evita son niños dóciles, cariñosos y encantadores que os harán sentir los padres más afortunados del mundo al tener ese potencial de energía exuberante que bien canalizada puede resultar algo verdaderamente fuera de lo común.
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