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El impulso que origina la aparición y la voluntad de ser de una corriente de vida pertenece al plano de las ideas. Bajo el signo de Aries, las formas que adquiera (en el plano emocional, mental y físico) van a corresponder con una idea previa a su manifestación, la que indica qué y cómo habrá de hacerlo según la voluntad de idear o representar. El sello que marca tal voluntad es el emplazamiento de Mercurio, planeta que simboliza el proceso de espiritualización.
El signo de Aries indica la posibilidad de purificación a través de la visión, y de liberación por medio del aire. La vía de purificación se encuentra en la función asignada al signo complementario. En Leo, se halla en la disolución de corrientes negativas en el ego (Acuario); en Piscis, a través del vacío de la mente (Virgo). Para Aries, en la aceptación de la relatividad de cualquier perspectiva (incluyendo la propia) y de la interdependencia de las cosas (Libra).
En el elemento asignado a cada signo complementario encontramos la vía de liberación. En Tauro, la liberación se produce por medio del elemento Agua, en Géminis por medio del elemento Fuego, en Cáncer por medio de la Tierra, en Leo por medio del Aire, y así se repite el ciclo de elementos dos veces más, hasta completar la rueda del Zodíaco.
Tal vez observar estas cuestiones desdibuja el foco de atención en la asignación elemental utilizada habitualmente. Subyacente al impulso vital general que se manifieste, se halla la posibilidad de trascender este mismo plano en la encarnación actual, cuando la energía solar funciona integrando complementarios y sus características.
Cuando se consideran opuestos complementarios, por emplazamiento y por naturaleza, es como juntar agua y aceite en un mismo recipiente. Cada una de estas sustancias mantiene su esencia, actuando ambas bajo la Ley de Separación (no se mezclan) y la Ley de Contraste (mantienen sus diferencias). Para su fusión, es necesario romper la estructura química que las sostiene y cambiar la cualidad energética que las mantiene separadas. Cuando esto ocurre, no sólo cambian sus naturalezas sino que también, y al mismo tiempo, cambia la estructura que les corresponde. La integración, por el contrario, propone juntar lo separado, sin que ninguno de los elementos pierda su propia identidad, mediante la acción ejercida sobre las sustancias. Dicha acción surge desde la voluntad. Hacia dónde se dirige la voluntad es difícil de percibir pero sobre la acción, sí podemos observar sus efectos.
La configuración energética de oposición permite la experiencia de cada polo, relegando uno u otro en alternancia. Por el contrario, cuando se establece una relación conciente con cada uno de ellos, se observan las ventajas e inconvenientes de cada posición. ¿Por qué no es posible la fusión? Porque la oposición está marcada en cada una de las partículas vitales, determinando la estructura química de nuestros cuerpos. Las propiedades del latón (representado por Júpiter en su exaltación) simbolizan que cada encarnación es producto de la fusión de determinados componentes que conforman determinada naturaleza, y no otra. Tal elemento es fácilmente moldeable, fundible, plástico a la hora de estampar en caliente y deformar en frío, es un buen conductor de la electricidad, resistente a la corrosión y al desgaste, es utilizado para soldar, fácilmente reciclable, con la posibilidad de seleccionar y refundir sus residuos, no degradable a la luz, manteniéndose inalterable en un amplio rango de temperaturas, y portando un aspecto brillante y dorado. Conformados así nuestros cuerpos, y dotados con las mismas propiedades que el latón para aprender de las experiencias, la tarea de fusión ya no pertenece a este plano de manifestación. Como el agua y el aceite unidos en un recipiente, con la interacción entre ambas sustancias hay un punto en común: no se puede “anular” la propia naturaleza por voluntad propia, pero sí actuar concientemente sobre ella. La voluntad, que es el motor de la acción, también tiene sus posibilidades y límites.
En los casos en que el esfuerzo de armonizar opuestos no se realiza de manera conciente y con voluntad integradora, uno de los polos se manifiesta como circunstancia o exigencia interna y/o externa bastante perturbadora, y la conciencia está claramente enfocada hacia uno de los polos, con cierta parte de la voluntad aún permaneciendo inactiva. La oposición es un aspecto tenso e invita a jugar con la alternancia armoniosa entre uno y otro polo. Asimilando la Ley de Aceptación en cualquiera de sus órdenes de manifestación, lo anterior propiciaría un sextil, trígono u otro aspecto armónico, en una futura carta natal a modo de resultado del ciclo actual.
“En la tarea cotidiana, el paso del dualismo al “ejercicio de integración” puede tener muchas etapas, pero la principal es aquella donde se requiere adquirir un desarrollo definido sobre la conciencia, desde donde poder unir todos los sucesos, que se dan desde cada sector, y pudiendo mantenerlos en el despertar del eje básico, o fundamento interno. Este fundamento interno es la convocación constante del Principio Ordenador, subyacente en la íntima estructura humana”.
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